Los balnearios del siglo XXI

•27 octubre 2009 • Dejar un comentario
Foto agua 1

Los tratamientos con aguas mineromedicinales que se realizan en los balnearios han aliviado desde siempre los dolores causados por las enfermedades crónicas -mayoritariamente respiratorias y articulares- y mejorado significativamente la calidad de vida de las personas que las padecen. En la actualidad siguen acudiendo a ellos estos pacientes, aunque los tratamientos que reciben han mejorado considerablemente gracias al desarrollo de la hidrología médica y las técnicas de hidroterapia. Al mismo tiempo, un nuevo público empieza a acercarse a las estaciones termales buscando remedio a los graves trastornos que ocasiona el modo de vida actual. La mala alimentación, la vida sedentaria y la contaminación en las ciudades figuran entre las causas de las enfermedades cardiovasculares –que han desplazado a las infecto-contagiosas como principal causa de muerte en Occidente-, seguidas del cáncer.

Por otra parte, cada vez acuden más a los balnearios las personas que sufren enfermedades con un fuerte componente psíquico, cuyas causas son difíciles de eliminar: trastornos somáticos causados por el estrés —contracturas musculares, palpitaciones, ansiedad-, las depresiones, los síndromes como el burn-out, entre otros. Durante estancias cortas en estos centros, el paciente consigue alejarse temporalmente de su modo de vida cotidiano y aliviar estas dolencias que no son más que avisos del organismo de que algo estamos haciendo mal.

Aguas mineromedicinales exclusivas

•26 octubre 2009 • Dejar un comentario

Las virtudes terapéuticas de las aguas mineromedicinales son conocidas desde la Antigüedad. Procedentes del subsuelo, brotan a la superficie como un regalo que los seres humanos de todas las épocas han aprovechado para aliviar sus dolencias. Musulmanes, godos y romanos utilizaron las propiedades del agua. Los baños constituían un centro de ocio y negocio, de recreo y salud, al que acudían personas de todas las clases sociales, si bien sufrieron restricciones en función de la moral y las costumbres de ese periodo. No resulta extraño que antes de que se generalizaran las prácticas de higiene o se conocieran los antibióticos, las propiedades de las aguas mineromedicinales se utilizaran para luchar de manera eficaz contra las enfermedades infectocontagiosas asociadas a los parásitos, de la piel o las venéreas.

Alrededor de estos nacimientos se crearon lugares para alojarse que empezaron a demandarse en mayor medida con el desarrollo de la higiene y la hidrología médica durante el siglo XIX. Tras la revolución industrial, la clase burguesa disfrutaba de recursos económicos que le permitían gozar del ocio y del tiempo libre, y fue en ese momento cuando se construyeron grandiosos balnearios a los que acudía un público pudiente.

 
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